Hoy, al cerrar el día de la exposición de Macao, decidimos pasear por la ciudad caminando por sus calles y callejones, ¡y qué encantadora sorpresa fue! Los edificios de estilo portugués repartidos por todos lados eran absolutamente fascinantes, con sus detalles arquitectónicos únicos y su ambiente nostálgico que hacía que cada paso pareciera un viaje en el tiempo. Había un encanto indescriptible en esas calles adoquinadas y fachadas de colores pastel, que nos dejaban demorados y reacios a irnos.